lunes, 17 de abril de 2017

MUROS SOBRE ARENA




   Construir megaestructuras ha sido una aspiración del ser humano desde el principio de los tiempos, pero otra cosa es que esas obras se hicieran con la consistencia necesaria para el fin al que se dedicaran, teniendo en cuenta todos los avatares a los que tendrían que ver sometidas a lo largo de los años.

   Todos admiramos obras como las pirámides de Egipto, la Gran Muralla china o el Coliseo de Roma, que se mantienen en pie a lo largo de los siglos, pero también hay obras de mucho menor calado, que pretendieron ser referente histórico en su momento, que se derrumbaron  a las primeras de cambio como si de un castillo de naipes se tratara, y el mejor ejemplo de ello es el Pantano de Puentes 2, en el término municipal de Lorca, construida para facilitar el riego en la comarca y a su vez intentar regular las avenidas del río Guadalentín, considerado como el río “más salvaje de Europa” por la gran cantidad de inundaciones que ha producido con el aumento desmesurado de su caudal en época de lluvias.

   Esta presa se construyó en 1785 en el mismo lugar que ocupó una presa anterior que se vino abajo por una avenida de agua cuando aún estaba en construcción. La colosal presa sería la más grande de España, con 286 m de longitud, 8 m de anchura en la coronación y 50 m de altura, con una cimentación realizada sobre pilotes de madera incrustados en la arena. Sí, sí, la presa estaba construida sobre una base arenosa, por mucho que nos pueda sorprender a los profanos en la materia, pero la obra se llevó a efecto por el impulso de Antonio Robles Vives y bajo el proyecto del ingeniero Martínez de Lara, pese a que ya en 1699 Martínez de la Vega había apuntado que ese emplazamiento no era el idóneo para construir una presa. Las consecuencias de la construcción del embalse fueron terribles, constituyendo la mayor tragedia en la historia de España en cuanto a número de muertos en una catástrofe por rotura de presa.

La presa Puentes 2 estaba situada unos 150 m aguas arriba de la actual Puentes 4.

    Entre los meses de marzo y abril de 1802 cayeron constantes lluvias, llevando a la presa a alcanzar casi su capacidad máxima, siendo informado de ello el ingeniero Martínez de Lara, que se mostró confiado de que su obra aguantaría sin problemas, pero sobre las 14:30 horas del funesto día del 30 de abril un peón dio aviso de que salía mas agua del habitual de la presa y que estaba muy turbia, continuando esa situación hasta media hora después, en que las compuertas de madera reventaron, generándose un gigantesco arco de 6 m de altura, que después se amplió con otra ensordecedora explosión, desaguándose millones me metros cúbicos de agua de manera violenta, dirigiéndose el torrente sin control hacia la población de Lorca con un ruido atronador.


   Poco tiempo tuvieron los vecinos para prepararse para la catástrofe que se cernía sobre ellos, pese a que las campanas de las iglesias empezaron a tocar insistentemente avisando del peligro, y antes de las cuatro de la tarde la ola, que alcanzaba los 12 m de altura, llegó a la zona poblada, arrastrando cuanto encontraba a su paso, casando la muerte a 608 personas. Casi la mitad de estas víctimas se dieron al haberse refugiado en la Casa de Serón, cuyos sólidos muros de sillería hicieron pensar a su propietario que aguantarían el embate de las aguas, por lo que invitó a más de 300 personas a refugiarse allí, pero una gran roca que venía arrastrada por la corriente golpeó la casa, arrancándola de sus cimientos y causando la muerte a buena parte de los que se habían refugiado en su interior. Como testigo mudo de la catástrofe queda una inscripción en la fachada de la iglesia de San Diego, que indica la altura a la que llegó el agua aquel funesto día. 

La inscripción de la derecha está situada justo debajo de la ventana del primer piso de la iglesia.

    Uno de los pocos consuelos que pudieron quedar a los supervivientes es que los dos responsables de la catástrofe pagaron por ello. Así el principal impulsor, Robles Vives, falleció al sorprenderle la riada mientras iba en su coche de caballos hasta su hacienda, lo que no impidió que los vecinos consideraran poco castigo la muerte e intentaran coserlo a puñaladas, por lo que el cadáver hubo de ser escoltado para llevarlo a la Colegiata, siendo enterrado en secreto a medianoche. Por lo que respecta al ingeniero Martínez de Lara, lo estuvieron buscando varios días con la intención de matarlo, pero pudo eludir esta acción huyendo de la ciudad, siendo alcanzado por el brazo de la justicia, que le impuso una condena de pena de destierro, 200 azotes y 10 años de galeras.



   Alguno pudiera pensar que la condena debería haber sido aún más dura, máxime cuando no llegó a cumplirla en su totalidad, pero si la comparamos con la que se impuso a los responsables de la catástrofe de la presa de Vega de Tera, a los que se les impuso la pena de un año de prisión por homicidio imprudente (que no cumplieron), seguramente cambiarán de opinión. Encima, en este caso, que causó 144 víctimas mortales en Ribaldelago, se debería haber aplicado una agravante, ya que la presa reventó por la mala cimentación de tres pilares, construidos sobre terreno arenoso, cuando los ingenieros que la diseñaron deberían de saber que levantar el muro de una presa sobre fondo arenoso no es precisamente la mejor ubicación de la misma.

Presa de Vega de Tera en la actualidad, en la que se aprecia la zona que reventó en 1959.
    Parece ser que han aprendido de errores anteriores y en 1881 se construyó la presa Puentes 3 unos 200 m aguas debajo de las dos anteriores, la cual ha aguantado en pie hasta la actualidad, aunque en 1993 se inició la construcción de la presa Puentes 4, apenas unas decenas de metros aguas arriba de la anterior, dejándola en desuso. La actual presa supera ampliamente en volumen a la de Puentes 3, y seguramente en su construcción influyó la tromba de agua que obligó el día 7 de septiembre de 1989 a abrir las compuertas de la presa Puentes 3 debido a la falta de capacidad de laminación de la avenida por dicho embalse, lo que ocasionó una nueva inundación de varias calles y zonas de cultivo. La nueva presa de Puentes tiene una ratio de retención considerablemente más elevada que la anterior, con lo que la laminación de las crecidas es mucho más efectiva desde su construcción.

Sustancial diferencia de volumen entre los muros de las presas Puentes 3 y Puentes 4.