miércoles, 21 de diciembre de 2016

LA INTERDICIÓN DE LA ARBITRARIEDAD



El artículo 9.3 de nuestra Carta Magna contempla, entre otras garantías, la interdición de la arbitrariedad de los poderes públicos, es decir, prohibe que tanto la Administración Central, como las autonómicas o las locales tomen decisiones sujetas a su libre voluntad o capricho antes que a la ley o a la razón.

Lamentablemente, es más frecuente de lo que sería deseable que los distintos gobiernos, sobre todo cuando ostentan mayorías absolutas, toman decisiones poco o nada razonables, guiados por motivos espurios.

Un claro ejemplo de decisión totalmente arbitraria ha sido la reforma del puente, posiblemente romano, de Villatuelda, el cual pudo ser construido entre los siglos I y II d. C. en piedra de sillería, con dos ojos separados por un tajamar para disminuir el empuje de las aguas, habiéndose mantenido en pie durante varios siglos en los que ha sido utilizado ininterrumpidamente.

Ahora resulta que las nuevas maquinarias agrícolas tenían dificultades para pasar por el puente, por lo que el Ayuntamiento decidió ensancharlo, pero no respetando la estética original, sino que por la limitación de fondos disponibles, aportados por la Diputación Provincial, optaron por la colocación de una plataforma metálica junto con una barandilla de forja a ambos lados del puente, ejecutándose la obra en el año 2013 con el resultado de que la factura posiblemente romana queda totalmente tapada por la estructura metálica.

Estado actual del puente, con la estructura metálica que lo desluce completamente.
 Antes de realizar semejante atentado contra la Historia, en un periódico se refleja que según versión del alcalde pidieron el correspondiente informe a la Junta de Castilla y León, en el que, se recoge que no es un paso de época romana y no tiene ningún tipo de protección, y que un técnico que se trasladó al pueblo les dijo que no lo considera puente romano y que podían hacer lo que les diese la gana. Es posible que el puente no sea romano, pero lo que sí es seguro es que es románico y que lleva varios siglos cumpliendo con su función. Otra cosa es que al técnico de la Junta no le parezca digno de protección y quiera agradar a unos pocos agricultores en perjuicio de millones de españoles, propietarios del Patrimonio Histórico Español.

Este técnico de la Junta y los responsables del Ayuntamiento durante todo el proceso se olvidaron completamente de que existe la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español, que en su artículo primero dice que: Integran el Patrimonio Histórico Español los inmuebles y objetos muebles de interés artístico, histórico, paleontológico, arqueológico, etnográfico, científico o técnico.” Aún considerando que el puente no sea romano, sino medieval, tendría varios siglos de antigüedad, lo que indudablemente le dota de un interés histórico y por tanto, debería gozar de la protección de la Ley, aunque no convenga a los intereses particulares en juego.

Esto nos lleva a la consideración de que, aunque la Comunidad Autónoma y el Ayuntamiento se hayan pasado por el forro el valor histórico del puente, el artículo segundo de la aludida Ley contempla que la Administración del Estado tiene como deberes y atribuciones esenciales: “Garantizar la conservación del Patrimonio Histórico Español, así como promover el enriquecimiento del mismo y fomentar y tutelar el acceso de todos los ciudadanos a los bienes comprendidos en él.” Por tanto, ya está tardando el Gobierno de España en tomar las medias oportunas para restablecer el aspecto original del puente, y si necesitan que sea más ancho para el paso de maquinaria agrícola, que construyan otro nuevo, que seguro que será más barato que el puente atirantado de Talavera de la Reina que costó millones de euros y no conduce a ningún sitio.

Para finalizar, tengo que hacer una puntualización en relación con la previsión legal de fomentar y tutelar el acceso de todos los ciudadanos a los bienes del Patrimonio Histórico Español. Considero que la mejor forma de fomentar ese acceso es permitiendo que sea gratuito, al menos un día a la semana, o al mes, o incluso al año (como en el caso del Museo de Ciencias Naturales), pero hay monumentos, como por ejemplo la Alhambra de Granada que ni el día de los Museos, ni el 12 de octubre, ni el día de la Constitución, es de acceso gratuito. Espero que todos estos atropellos sean atajados enérgicamente, para que podamos decir que la garantía constitucional de la interdición de la arbitrariedad está plenamente vigente en nuestro estado de Derecho.


domingo, 21 de febrero de 2016

SE PILLA ANTES A UN MENTIROSO QUE A UN COJO




   Antes de nada quiero advertir que las opiniones que vierto en este artículo no tienen el ánimo de ofender a ninguna persona, religión o ideología y que unicamente vienen movidas por la aspiración de conocer la verdad en algunos temas que desde siempre han estado sujetos especulación, que solo me faltaba que alguien se querellara contra mi modesta persona por ejercitar mi derecho constitucional a la libertad de expresión, respaldado con datos históricos y pruebas indiciarias.

   Viendo un documental de La 2 ha salido lo que se supone que es un clavo de los empleados en la crucifixión de Jesucristo de los encontrados por Santa Elena en su búsqueda de reliquias.No es que tenga yo mucha experiencia respecto al hallazgo de objetos con valor histórico, pero lo que si poseo es la capacidad de razonamiento que me lleva a deducir lo que es imposible o, cuando menos, de dudosa certeza.

   Respecto al clavo, resulta que el mismo está perfecto, sin ningún signo de haber sido enderezado y además no es demasiado largo. Los clavos utilizados en las crucifixiones eran lo suficientemente largos para atravesar el madero, siendo doblada su punta para evitar que con el peso del cuerpo se salieran del madero, de lo que deduzco que esa reliquia es más falsa que una moneda de tres euros. Está claro que Elena de Costantinopla se marcó como objetivo la búsqueda de la cruz donde Jesucristo murió y no iba a parar hasta encontrarla, y para ello demolió el templo erigido a Venus en el monte Calvario, haciendo cavar hasta que encontran la cruz, que indudablemente tenía que aparecer. Se cuenta que durante la excavación se encontraron varios maderos pero para determinar cual era el verdadero se los hizo tocar a una persona muy enferma y la pieza de madera que lo curo fue proclamada como el verdadero madero de la crucifixion. Vamós, que me recuerda a las pruebas de la medieval “ordalía” o “juicio de Dios”, utilizada para demostrar la inocencia sanando milagrosamente de las quemaduras producidas al sumergir la mano en aceite hirviendo o sujetando un hierro candente, en el que quedaba demostrado el buen criterio de los juzgadores, ya que del resultado del juicio todos saldrían como culpables.

    Pero la supuesta falsedad por excelencia que siempre me han llamado la atención ha sido el descubrimiento de las pinturas rupestres de la cueva de Altamira, supuestamente descubiertas por la hija de Marcelino Sanz de Sautuola y de la Pedrueca, a la sazón tatarabuelo de la actual presidenta de un afamado banco. Pues bien, Marcelino era un aficionado a la arqueología que llegó a visitar la Esposición Universal de Paris de 1878, en la que pudo observar numerosos hallazgos prehistóricos. Lo increíble de la su historia es que precisamente al año siguiente su hija María, de ocho años, se internara sola en la cueva de Altamira y descubriera unas pinturas realizadas en el techo de una de las galerias, haciendo público el hallazgo en 1880.


Pinturas rupestres de La Calderita, en La Zarza, que se pueden visitar libremente.


   No soy un experto en pintura prehistórica, pero si que conozco algo de comportamiento humano, y lo que no me cuadra es que una niña de ocho años en pleno siglo XIX se interne sola en una cueva oscura y realice el descubrimento del mejor exponente de pintura prehistórica exitente en el mundo, casualmente dos años después de que su padre visitara la Exposición Universal de París. Pero no solo soy yo quien duda de la realidad de ese descubrimiento 135 años después, sino que desde el primer momento autoridades en Prehistoria, encabezados por Gabriel de Mortillet y Émile Cartailhac rechazaron que las pinturas de Altamira fuesen obra del hombre prehistórico, llegando a acusar a Sautuola de haberlas pintado recientemente, ya que ni la técnica, ni el color tan nítido a pesar de los años, podían ser naturales. A esa tesis se unieron españoles como Eugenio Lemus y Olmo, Ignacio Bolívar, Manuel Antón y Ferrándiz, Eduardo Reyes y Próper o Ángel de los Ríos y Ríos. Bien es cierto que el Sr. Cartailhac años después rectificó y admitió la autenticidad de las pinturas, y esta rectificación ha sido el argumento principal de una reciente película para abogar por la autenticidad de las pinturas. He visto esa película y los argumentos que se exponen en ella no me han convencido, sino todo lo contrario. A modo de ejemplo citaré la escena en la que un arqueólogo francés visita la cueva y comprueba que la pintura estaba fresca (digo yo que en 15000 años habría tenido tiempo de secarse, pese a que en la cueva exista humedad). Indagando sobre el tema, he encontrado que se utilizó el método del carbono 14 para la datación de las pinturas, aprovechando que para el color negro de las pinturas polícromas emplearon carbon vegetal. Esa prueba solo demuestra que el carbón tiene esos miles de años, no que se empleara en aquellos tiempos para pintar, ya que sería posible que el eventual falsificador hubiera utilizado un trozo de carbón vegetal recogido de los restos de una hoguera en el suelo de la cueva.
 
Pese a todas estas reticencias, el reclamo de la cueva sigue funcionando con acceso restringido para evitar el deterioro de las pinturas (otro indicio más de su falta de antigüedad, porque si tuvieran 15000 años no se deteriorarían tanto por las visitas, ya que hay muchísimas pinturas rupestres en abrigos o incluso a la intemperie que se conservan perfectamente), accediendo un día a la semana cinco personas entre por sorteo entre los visitantes al museo de ese día (que por supuesto es de pago), lo que sin duda supone un fuerte aliciente para comprar la entrada. ¡Poderoso caballero es don dinero!